ENTRE EL RECICLAJE COMO FUENTE DE SUSTENTO…

Y EL HAMBRE COMO RETRATO DE LA REVOLUCIÓN

PARA SALIR DE LA BASURA

Para los venezolanos de hace veinte años no era usual ver a alguien hurgando en los basureros en busca de restos de comida o de cualquiera otra cosa que pudiera serles útil, para su propio consumo o para vender como chatarra u materia reciclable. Solamente algunos indigentes, en última instancia de la necesidad, recurrían a tan desagradable procedimiento.

¿Recuerdan a los recolectores de latas? Con el tacón las aplastaban hábilmente, siempre y cuando pudieran mantener el equilibrio en un solo pie, dado su nivel etílico, y las iban metiendo en un mugroso saco para, supone uno, llevarlas a algún sitio donde las compraban para reciclar el material con que estaban hechas. No pocas partículas de aluminio, aplastadas cierto tiempo antes por el zapato de un indigente, nos habrán tocado alguna vez en algún envase lleno de refrescante líquido.

No, no eran muchos los que hurgaban en los basureros hace veinte años. Pero también había niños indigentes. Con caritas mugrosas, mocosas narices y mirada suplicante que levantaban sus manitas hasta la altura de las ventanillas de los carros en los semáforos, esperando una moneda. A veces formaban una pandilla dirigida por alguna mujer que permanecía distante, recolectando las limosnas. Tal vez uno de los niños era hijo propio; los demás eran alquilados a otras mujeres del vecindario.

Hugo Chávez dijo una vez que dejaría de llamarse así si en un año no sacaba de la calle a todos esos niños. Fue una promesa más de las miles que nos hizo, como la más famosa y siempre recordada: aquella de bañarse en el río Guaire con la señora Farías, la misma de las “colitas sabrosas”. Y seguimos pronunciando ese nombre que hace años desapareció, al quedar la promesa incumplida.

Y desde que la mafiocracia asumió el poder en nuestro país, con su maligno plan de destruir su economía, poco a poco el pueblo fue cayendo en una situación desesperada, incapaz de mantener un nivel de vida decente, en medio de la escasez de alimentos causante de una inflación, comparable a los meteoros sólo por su velocidad, ya que éstos caen mientras aquella sube.

Y, por más que la demagogia cubano-chavista aumente los salarios mínimos, éstos siempre seguirán siendo mínimos comparados con la rapidez con que aumentan los precios de los alimentos, sujetos a la especulación de círculos de poder, que disponen de los dólares preferenciales para importarlos, vendiéndolos luego a precios calculados según el cambio innombrable.

Y los más débiles se ven en la necesidad de registrar las bolsas con desperdicios que sacan de casas y edificios, para que nadie sabe cuándo se las lleve el servicio de “aseo urbano”. La consecuencia, aparte la más importante como lo es la posibilidad de infecciones e intoxicaciones causadas por la ingesta de alimentos en fase de pudrición y altamente contaminados, es el reguero que dejan los exploradores de bolsas de basura.

Moscas, cucarachas y gusanos se suman al triste festín, proliferando en el ambiente y causando más enfermedades en quienes sufren las consecuencias de tanta dejadez, desorden administrativo, luego de la rapiña de quienes manejan los dineros públicos.

Son muchos los problemas por resolver en este país, y tal vez el tema de la basura parezca baladí al lado de otras prioridades… o quizás no.

 

 

 

 

 

 

 

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